martes 10 de enero de 2012

En paz. . .


Muy cerca de mi ocaso yo te bendigo vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida.
Porque veo al final de mi rudo camino,
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las hieles o la miel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas.

Cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
. . .Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;
¡mas tu no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda larga las noches de mis penas,
mas no me prometiste tú solo noches buenas,
y en cambio tuve algunas santamente serenas. . .

Amé, fui amado, el sol acaricio mi faz.
¡Vida, nada me debes. . . Vida, estamos en Paz!

                                                                                                           Autor: Amado Nervo

miércoles 25 de mayo de 2011

Duele




Duele...
Duele fingir que todo sigue igual
duele despertar a todas horas
y solo tenerte en mi cabeza.

Duele aceptar que quieres a otra
y aun así tener que tolerar los celos.

Duele no poder hacer nada,
aceptar la vida como es y desear más sin tener el derecho.

Duele pensar que este dolor es querido,
porque es un dolor que nace por ti.

Pero lo más que duele es estar consciente de todo esto y que aun así no deja de doler.

martes 24 de mayo de 2011

Decisión




Era su última jugada, sabía que todo dependería de esta decisión. No era la primera vez que se encontraba en una situación similar, mas sin embargo era hora de tomarlo en serio. Él se encontraba a su lado, sabía que estaba tan impaciente como ella, pero no decía nada. Llegó a sentir su mirada posarse sobre ella en más de una ocasión, incitándola a mirarle también, pero temía que si lo hacía, perdiera el control de la situación. Pasaron largos minutos y aún cada uno seguía igual de callado e intranquilo. Entonces tomó una decisión, si él le miraba de nuevo, haría su movimiento. De todos modos ya no había marcha atrás.

Como si lo hubiera pensado en voz alta, él volvió a mirarla, entonces rompió el silencio...

- Wuujuuu, ganeee!!! – gritó saltando.

- No es posible, si yo iba... – dijo frustrado redirigiendo su mirada al televisor – no vale, quiero la revancha.

- Admite que soy mejor que tú – dijo sonriente y sentándose de nuevo a su lado para abrazarlo.

- Solo fue suerte, verás como te gano en la próxima.

- Claro, lo que tu digas, pero esta vez yo escogeré el juego – le dio un beso en la mejilla.

Se levanto y fue hacia la consola para cambiar el cd, mientras pensaba sonriendo... "esta vez puede que te deje ganar... y quien sabe si ganas algo más que una simple partida de juego".

martes 12 de abril de 2011

A veces...

A veces…
Las cosas más simples y sencillas del mundo
son las que más se aman.
La flor que nace del vientre de la tierra,
la roca partida por castigo del tiempo,
las cosas que nacen de la nada y engendran.
Lo que se va y se vuelve, el sol y la mañana.
Un pedazo de tierra, que sin él se es nada,
un pájaro que forma su nido de esperanza,
lo que es parte de mí sin siquiera ser mío,
o aquel simple recuerdo de lo que más se quiso.
Si. A veces…
lo más pequeño es lo que más se ama.

Recuerdos


Corría bajo la lluvia, mi cabello estaba arruinado y me encontraba totalmente empapada. Aún así inconscientemente la costumbre humana de querer disipar lo inevitable no me obligo a abandonar el inútil intento de cubrirme con el bolso. De repente algo detuvo mi carrera…

- Aush!, rayos! – expresé mientras me sobaba la frente.

- Te encuentras bien? - al alzar mi rostro me tope con unos sorprendidos pero divertidos ojos mirándome fijamente.

- Oh… perdón, no estaba muy atenta.

- Descuida, menos mal no fuiste a parar contra un poste o algo así, vaya marca te hubiera quedado – dijo sonriendo.

- jeje… Si - dije apenada.

- Vaya clima – dijiste haciendo un gesto hacia el cielo – ¿Vives por aquí cerca?

- Eh, si

- Te invito algo caliente, creo que lo necesitas.

No me había dado cuenta de que mis labios habían comenzado a tiritar inconscientemente. Comenzaba a bajar el sol y la brisa no ayudaba. Estuve a punto de responder que mejor me iba a casa cuando me ofreciste tu largo abrigo. Quise rechazarlo amablemente, pero algo en tu mirada me detuvo.

- ¿Alguna vez has visto a un pollito mojado?

- Muy gracioso – respondí fingiendo cara de enfado. Baje la mirada hacia mi chocolate caliente y comencé a removerlo mientras pensaba lo extraño que era, era muy cautelosa con mis actos y sabía que no debía de haber aceptado la invitación y mucho menos tú abrigo. Pero algo en ti me hacia confiar, me sentía nerviosa y cómoda a la vez...

- Disculpa, la reunión me tomó un poco más de tiempo. Llevas mucho esperando?

Una voz me saco de mis pensamientos, enfoqué la mirada sonriendo al reconocerla.

- Umh, no tranquilo, solo unos pocos minutos – Respondí, mirándote a los ojos sonriendo. Pasaron unos segundos en los cuales mi sonrisa se amplió más al recordar.

- Qué?

- No, nada. Nos vamos? – dije animadamente mientras me levantaba y nos tomábamos de las manos.

Cuantos años habían pasado desde nuestro encuentro?, para algunos puede que poco, para otros mucho… lo único que a mí me importaba era que aún estabas aquí, a mi lado.

domingo 2 de enero de 2011

Carta


Estimada que lee esta carta:

Cómo estás y como te está tratando la vida?, lo que es yo a mi corta edad, tengo preocupaciones que a nadie puedo contar. Pero sé que si le escribo a mi "Yo" del futuro me la confiaré sin temor. Mi solitario corazón ha sido roto de muchas formas, cada vez me siento más dolida, confundida y frustrada. Las lágrimas siempre están presentes, me cuesta actuar como si nada pasara y por más que lo intento nada me distrae o me anima como antes. Siento que mis fuerzas para luchar se van agotando, tengo miedo de rendirme por completo… ya no deseo vivir así.

¿Dime, en quien más podría confiar?

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Estimada que ahora lee:

Tengo algo que decirle a mi "Yo" de corta edad. Si continuas preguntándote que debes hacer y en quien debes confiar, serás capaz de ver la respuesta por ti misma. Los caminos de la juventud no son fáciles al no comprender el porqué a de pasarnos ciertas cosas. Por favor, no llores …no te rindas, solo escucha a tu voz interior y cree en ti misma. Aún en mi adultez hay noches en las que no puedo dormir, pero en medio del dolor, sigo viviendo. Todo tiene un significado y un porqué en la vida, construye tus sueños olvidando los temores, porque donde quiera que estemos no podemos salir corriendo ante la tristeza, pero sí podemos enfrentarla, así que sonríe y sigue viviendo.

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Estimada Yo:

Gracias.
Deseo que llegues a ser feliz…

jueves 2 de diciembre de 2010

Miedo a estar enamorada

- Hola
- Hola – fue lo único que pude decir.

Sin sospechar los nervios detrás de tan simple palabra, me sonreíste y te respondí con otra sonrisa forzada, temiendo el que te dieras cuenta. Si así fue, nunca lo demostraste.

- Perdona el atrevim
iento, pero me gustan tus rizos.

Solo pude bajar la cabeza para ocultar mi rubor.

- ...especialmente cuando caen sobre tu rostro... justo como ahora.

Salí del ascensor casi corriendo, preguntándome porque después de tanto tiempo decidiste hablarme. Había pensado en qué decirte si algún día decidías hablarme o simplemente hablarte yo. Pero como dicen, "nunca se está preparado para estas cosas..." Y es muy cierto, intentaba mirarte sin que te dieras cuenta, pero dudo que lo hayas pasado por alto. Desee más de una vez tocarte, sentir lo que era tener tu mano sobre mi rostro, anhelé que me miraras aunque fuese solo una vez, o tal vez lo hiciste y no me di cuenta ...hasta ahora.

Es gracioso realmente, pensé que me estaba volviendo loca y... ¿realmente lo estaré?, quien sabe, aún así al escuchar tu voz mi cuerpo quiso salir corriendo y a la vez no podía moverme. En otras circunstancias me hubiera sentido estúpida, pero no fue así, temía mirar hacia atrás y ver que aún me observabas desde aquel ascensor mientras se cerraba la puerta.

¿Volveré a verte en aquel ascensor como todos los días después de esto?, ¿realmente quiero volver a verte?... no lo sé, pero quisiera ya no tener miedo.

Miedo de volver a verte, miedo a que vuelvas a hablarme o tan siquiera que intentaras tocarme... pero más que nada, miedo a pensar que me esté enamorando de un fantasma. . .